Del adobe al hormigón: la arquitectura de un fundo de Chimbarongo que sigue transformándose después de un siglo

Mucho antes de convertirse en parte de Viña Cono Sur, el Fundo Santa Elisa ya respondía a una forma característica de habitar y producir en la zona central de Chile, con una organización estrechamente ligada al trabajo agrícola y a una arquitectura que, hasta comienzos del siglo XX, reunía una casa patronal y distintas dependencias de adobe de un piso distribuidas en torno a patios.

Después de 1900, la casa patronal comenzó una nueva etapa al incorporar un segundo nivel en tabiquería de adobe y una terraza que dio forma a la galería norte y a un gran pórtico abierto hacia el parque, mientras los patios, los muros de adobe, las galerías y las cubiertas de tejas continuaron articulando un conjunto que conservó su relación directa con el paisaje agrícola de Chimbarongo.

A comienzos de los años 2000, este conjunto histórico volvió a transformarse cuando la arquitecta Cecilia Puga desarrolló un Plan Maestro para la viña, con paisajismo de Teresa Moller, orientado a recuperar las instalaciones, resolver nuevas necesidades de la viña e incorporar usos contemporáneos sin perder la lectura de aquello que ya existía.

Una arquitectura que suma capas sin borrar las anteriores

El criterio de la intervención fue alejarse de una reconstrucción literal del pasado y trabajar, en cambio, desde la convivencia entre distintas épocas, manteniendo a las construcciones originales como protagonistas e incorporando las nuevas obras de manera puntual, de modo que cada etapa pudiera reconocerse dentro de un mismo recorrido.

Así, en espacios como el acceso, el casino y la sala de barricas, materiales como el hormigón, el metal, el terciado, la albañilería y la cal comenzaron a convivir con los muros de adobe, las galerías y los patios existentes, haciendo visible el paso del tiempo en lugar de intentar ocultarlo.

“Para quienes visitan Viña Cono Sur, la arquitectura es también una forma de conocer la historia del lugar. En un mismo recorrido conviven los patios, los muros de adobe y las construcciones originales con intervenciones contemporáneas, y eso permite entender cómo el fundo ha ido evolucionando sin perder su identidad. Esa relación entre patrimonio, paisaje y viñedo es parte fundamental de la experiencia que buscamos transmitir”, señala María Elisa Casanova, Jefe Comercial Enoturismo de Viña Cono Sur

Uno de los ejemplos más claros de este diálogo es la sala de barricas, diseñada para albergar más de 4.000 barricas de guarda y hundida 3,5 metros en el terreno, para responder a las condiciones de temperatura y humedad, donde el hormigón visto y la madera construyen un espacio contemporáneo que, al mismo tiempo, se vincula exteriormente con los galpones y estructuras preexistentes, mientras su recorrido interior conduce hacia el paisaje del viñedo.

La intervención paisajística de Teresa Moller reforzó esa continuidad entre arquitectura y territorio, integrando las nuevas obras al parque y a los viñedos para que el conjunto mantuviera la lógica agrícola que ha definido históricamente al Fundo Santa Elisa.

Hoy, recorrer la viña permite reconocer distintas capas de su historia en un mismo lugar: los muros de adobe y las cubiertas de teja que remiten a su origen rural, la transformación de la casa patronal a comienzos del siglo XX y las intervenciones contemporáneas que incorporaron nuevos materiales y funciones sin intentar borrar las huellas anteriores.