
Santiago gana espacio en viajes que antes terminaban con la última reunión
En la antesala del Día Mundial del Turismo, que se conmemora cada 27 de septiembre, una escena empieza a repetirse entre quienes llegan a Santiago por trabajo: la agenda termina, pero el viaje continúa, dejando espacio a horas que antes quedaban fuera del itinerario y que hoy se integran con mayor naturalidad a una estadía pensada originalmente para otra cosa.
Durante años, el viaje de negocios respondió a una lógica bastante predecible llegar, cumplir compromisos y volver, pero esa secuencia comienza a perder rigidez a medida que los viajeros reorganizan sus tiempos, extienden una jornada o aprovechan una tarde libre para salir a comer, recorrer, hacer compras o simplemente mirar la ciudad con otros ojos antes de regresar.
“Hoy vemos que el motivo que trae a una persona a Santiago sigue siendo importante, pero ya no necesariamente define todo su viaje, porque hay huéspedes que llegan por trabajo y que, una vez terminada su agenda, aprovechan el tiempo disponible para conocer algo de la ciudad, salir o recorrer antes de volver”, explica Javier Dirassar, gerente general de Courtyard by Marriott Santiago Las Condes.
La industria identifica esta combinación entre trabajo y tiempo libre como bleisure, una dinámica que encuentra terreno en zonas donde distintas experiencias urbanas conviven a pocos pasos y donde pasar de una reunión a una comida, una compra o una salida no exige cambiar por completo el ritmo del día. En el caso de hoteles como Courtyard by Marriott Santiago Las Condes, esa condición se expresa también en su conexión directa con Parque Arauco y en una oferta cercana de gastronomía, compras y entretención.
Un mapa de visitantes que también se mueve
Entre enero y agosto de 2026, los registros de huéspedes del hotel muestran a Brasil como su principal mercado internacional, con un 18,79%, seguido por Estados Unidos, con 18,02%, y Argentina, con 12,61%, mientras el mercado chileno también aumentó su participación respecto del mismo período del año anterior, configurando una mezcla de visitantes cada vez más diversa.
Más que dibujar un retrato definitivo del turismo en Santiago, las cifras muestran, a escala del hotel, cómo hoy conviven viajeros regionales, visitantes corporativos y estadías breves que ya no necesariamente responden a una sola motivación, sino a viajes más flexibles, donde el propósito inicial puede convivir con otros intereses una vez que se llega a destino.
“Antes era más sencillo separar a quién viajaba por negocios de quien venía por turismo, pero hoy esas fronteras son mucho más difusas, porque una persona puede pasar buena parte del día en reuniones y, unas horas después, recorrer Santiago como cualquier otro visitante”, agrega Dirassar.
En la práctica, ese cambio se expresa en decisiones pequeñas pero cada vez más habituales, salir a comer, recorrer un barrio, visitar un parque, hacer compras o conocer parte de la oferta cultural de Santiago, gestos que van ampliando el sentido de un viaje que comenzó por trabajo y que, sin dejar de serlo, termina encontrando también otra forma de vivir la ciudad.







