Termómetro en baja, resequedad en alza: El impacto que tienen las bajas temperaturas en la piel

Las bajas temperaturas se han dejado sentir durante estos días tanto en Santiago como en otras regiones del país.

Y si bien, es común asociar el frío con las enfermedades respiratorias y las hipotermias, no debemos olvidar que nuestra piel también se ve afectada por las inclemencias del invierno.

En este sentido, Héctor Fuenzalida, dermatólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, explica que “es muy importante considerar que la piel es una barrera, un límite con nuestro entorno, y que cuenta con estructuras que le permite adaptarse a los cambios de temperaturas extremos, ya sea calor o frío. Y en el invierno, lo que puede pasar es que ocurra una vasoconstricción, es decir, un cierre de los capilares y vasos sanguíneos generando un color más azuloso o blanquecino en la punta de los dedos, la nariz, la oreja, los pies, etc.”.

El especialista sostiene que “las bajas temperaturas suelen afectar la barrera cutánea, alterando la película lipídica de la superficie, dejándola expuesta a un mayor resecamiento y se puede generar la inflamación de la piel que conocemos como dermatitis. Y si pasa eso, se pierde la indemnidad y eso puede favorecer a la aparición de infecciones secundarias”.

Ahora, la disminución en la exposición a los rayos ultravioleta, en esta época del año, también puede tener efectos en nuestra salud. “Hay más chances de tener psoriasis gracias a que andamos con el cuerpo mucho más cubierto. Al contrario, en el verano tiende a mejorar porque la exposición a la luz solar tiene un efecto terapéutico en la proliferación de células”, dice el especialista.

La calefacción y los rayos ultravioleta

En lo que respecta a la dermatitis (una inflamación en la dermis que presenta varios tipos como la atópica, la de contacto o la seborreica), Fuenzalida comenta que sus características no cambian radicalmente si es que se presenta en invierno o en verano.

Eso sí, el médico pone una advertencia con respecto al uso del aire acondicionado: “la sensación de sequedad que generan estas máquinas pueden afectar a nuestra piel, resecándola y provocando picazones. Y un exceso de rascado puede provocar irritaciones o sobreinfecciones bacterianas. A su vez, los residuos volátiles que se generan con la combustión a leña o de la parafina también son capaces de terminar en irritaciones en la dermis”.

En lo que respecta a la rosácea (una inflamación inflamatoria crónica que afecta principalmente al centro del rostro), el facultativo indica que esta dolencia empeora en invierno, no tanto por el frío, sino al revés. “Es difícil controlar esta afección en los lugares temperados. Un cambio del frío al calor, en un sitio con aire acondicionado, puede generar una vasoconstricción y, a su vez, provocar que se active dicha dolencia en la piel”.

Y para quienes gusten de la montaña, el especialista sostiene que la nieve refleja la radiación ultravioleta como espejo, y eso, podría generar alteraciones en la superficie cutánea que van desde manchas hasta la aparición de células cancerígenas.

Cómo proteger la piel en temporadas de frío

El dermatólogo Héctor Fuenzalida subraya que, en los meses de otoño e invierno, el frío y el viento hacen que la piel pierda su capa lipídica, la que el profesional describe como “una grasita protectora”, que la convierte en una superficie mucho más vulnerable y de fácil irritación.

Por lo mismo, el profesional recomienda “cubrirse la piel, sobre todo en las mañanas heladas, ponerse guantes en las manos y los que tienen calvicie, usar gorros, ya que esa zona del cuerpo queda generalmente desprotegida”.

En lo que respecta a la higiene, el doctor sugiere “no usar mucho jabón ni shampoo en las duchas” y recomienda que los baños sean cortos, con agua tibia (no muy caliente) para no alterar la superficie cutánea. Y junto con esto “utilizar cremas lubricantes que ayuden a recuperar la barrera cutánea e impedir la propensión a la ocurrencia de dermatitis o infecciones”, dice.

En lo que respecta al protector solar, Fuenzalida recomienda mantener su utilización durante los meses invernales (o cuando hay mucha contaminación ambiental), pese a que este producto sea más vinculado al verano.

“En las temporadas frías, igualmente estamos expuestos a la radiación ultravioleta, un factor que en un futuro podría desencadenar un cáncer en la piel por las alteraciones que va generando con el tiempo”, argumenta.

Además, el académico sostiene que ese tipo de productos sirven para prevenir un aumento en las líneas de expresión o la aparición de manchas. “Las personas pueden ponerse los protectores solares con menos frecuencia que en los días calurosos (unas dos o tres veces) pero es importante hacerlo”, aclara.