Desde el sur y con recursos propios: El proyecto chileno que busca abrir espacio a la neuromodulación acústica

Amigos desde la adolescencia, Víctor Calvo y Nicolás Alston llevan casi tres décadas compartiendo una amistad que, hace poco más de cinco años, tomó un giro inesperado: decidieron combinar sus experiencias profesionales para convertirse en socios y desarrollar tecnología desde Puerto Varas.

Calvo, fonoaudiólogo, magíster y actualmente cursando un doctorado en neurofisiología, venía del mundo de la acústica y la investigación; Alston, ingeniero civil industrial, del área del desarrollo de negocios. De esa combinación nació un proyecto que los llevó a internarse en un ámbito poco conocido en Chile: la neuromodulación acústica.

Lejos del principal polo tecnológico del país, como es Santiago,  iniciaron un proceso de investigación y desarrollo. El objetivo: que los principios estudiados internacionalmente entre la relación de determinados estímulos auditivos y ciertas ondas cerebrales se tradujera en una tecnología sencilla de incorporar a la vida cotidiana para entregar bienestar.

Ese trabajo dio origen a NeuroSinc, emprendimiento que combina neurociencia, acústica y tecnología. Actualmente, su propuesta contempla sesiones orientadas a favorecer estados de calma, concentración y sueño, con una tecnología que abre posibilidades para ampliar sus aplicaciones.

“Construir una empresa tecnológica desde Puerto Varas y con recursos propios nos obligó a avanzar de una manera muy concreta: desarrollar, probar, corregir y validar antes de dar el siguiente paso. Ha sido un camino más largo, pero nos permitió mantener el foco en el producto y comprobar que existía interés antes de pensar en escalar”, explica Nicolás, el socio responsable de la estrategia comercial y operativa de la compañía.

Tecnología con décadas de investigación

La neuromodulación no es un fenómeno nuevo. A nivel internacional, distintas disciplinas llevan décadas investigando maneras de influir sobre la actividad del sistema nervioso mediante estímulos eléctricos, magnéticos y sensoriales. Dentro de estos últimos, el sonido ha abierto una línea específica de estudio en torno a la capacidad de determinados estímulos auditivos rítmicos para modular las oscilaciones cerebrales.

La investigación científica ha documentado esta relación y continúa profundizando en sus alcances. Publicaciones en revistas como Frontiers in Neuroscience y Nature Neuroscience dan cuenta del avance de la neuromodulación y del interés por métodos no invasivos, entre ellos la estimulación auditiva, un campo que sigue evolucionando.

Fue en esa intersección entre sonido, neurociencia y tecnología donde Calvo comenzó a trabajar hace más de cinco años. El desafío no era simplemente reproducir determinados sonidos, sino desarrollar estímulos estructurados y controlar variables acústicas para conseguir una reproducción consistente, que no es música ni una meditación.

“La neuromodulación no es algo que hayamos inventado nosotros. Existe investigación internacional desde hace décadas sobre la relación entre determinados estímulos y la actividad cerebral. Nuestro desafío fue tomar ese conocimiento, estudiarlo, experimentar y desarrollar una arquitectura acústica propia que pudiéramos reproducir de manera controlada y consistente”, explica Calvo, responsable del desarrollo técnico.

A partir de ese trabajo, el equipo experimentó con distintos tipos de estimulación auditiva y desarrolló progresivamente sus propias sesiones. El proceso los llevó además a resolver otro desafío: no bastaba con diseñar los estímulos; también necesitaban controlar cómo eran reproducidos.

Por eso, a diferencia de aplicaciones o plataformas de streaming que ofrecen audios asociados a relajación, concentración o sueño, NeuroSinc optó por integrar sus programas directamente en audífonos calibrados. Las sesiones vienen precargadas y no requieren una aplicación, conexión a internet ni suscripción. Según la empresa, controlar tanto el contenido como el hardware permite preservar con mayor precisión y fidelidad las características con que fue diseñada cada sesión.

“No se trata simplemente de poner un sonido en unos audífonos. Si trabajas con diferencias de frecuencia, fase o tiempo, necesitas saber qué señal diseñaste y qué señal efectivamente está recibiendo la persona. Por eso, para nosotros, el desarrollo del contenido y del hardware terminó siendo parte de un mismo problema tecnológico”, agrega Calvo.

Antes de llegar al mercado, la tecnología pasó por un proceso de desarrollo y evaluación que involucró a más de 800 personas y miles de sesiones de prueba. El análisis consideró a adultos que utilizaron sus programas de calma, concentración y sueño. De ellos, un 96% presentó lo que NeuroSinc definió como una respuesta favorable, es decir, calificó con siete o más puntos sobre diez su satisfacción con la sesión.

El proceso incluyó además una submuestra aleatoria de 30 participantes, en quienes se midió cortisol en sangre antes y después de una sesión. Según los resultados reportados, el nivel promedio disminuyó un 18,5%. En ambos casos se trata de evaluaciones internas realizadas durante el desarrollo del producto y no de ensayos clínicos destinados a demostrar eficacia terapéutica.

Esta distinción es relevante. NeuroSinc se define como una tecnología de bienestar y no como un dispositivo médico: no está diseñada para diagnosticar, tratar ni prevenir enfermedades, ni busca reemplazar tratamientos o evaluaciones profesionales.

Desde Puerto Varas al mercado

A la innovación tecnológica se suma una característica menos habitual en este tipo de emprendimientos: NeuroSinc fue construido mediante bootstrapping, es decir, exclusivamente con recursos propios, y desde la Región de Los Lagos.

Calvo y Alston financiaron las distintas etapas, asumieron múltiples funciones y avanzaron desde las primeras pruebas hasta el desarrollo del producto y su comercialización. Hoy venden su tecnología de manera online a todo Chile y entran en una nueva fase enfocada en hacer crecer la empresa y ampliar su mercado.

Para Alston, hacerlo desde Puerto Varas no es circunstancial, sino parte de la identidad que quieren conservar. “No creemos que para innovar haya que instalarse necesariamente en Santiago. Haber desarrollado NeuroSinc desde Puerto Varas es parte de lo que somos. Hoy la tecnología permite construir desde regiones, acceder a conocimiento global y pensar desde el comienzo en mercados mucho más amplios”, sostiene.

Entre sus próximos desafíos están continuar profundizando la validación de sus desarrollos, ampliar las sesiones disponibles y avanzar hacia investigaciones con diseños experimentales más exigentes. En paralelo, comienzan a explorar las posibilidades de llevar su tecnología fuera del país.

Para los dos amigos que hace cinco años decidieron unir sus experiencias profesionales, el reto ahora es otro: hacer conocida en Chile una categoría todavía emergente y demostrar que desde el sur es posible desarrollar neurotecnología con proyección más allá de las fronteras nacionales.