
Pérdida auditiva y deterioro cognitivo: las señales que conviene detectar a tiempo
Escuchar menos suele ser un proceso gradual. Por eso, muchas personas se acostumbran a subir el volumen de la televisión, pedir que les repitan lo que dijeron o tener dificultades para seguir una conversación cuando existe ruido de fondo, sin necesariamente reconocer que podría tratarse de una pérdida auditiva.
Sin embargo, la evidencia científica ha estudiado la relación entre la pérdida auditiva no tratada y el deterioro cognitivo. Una de las hipótesis plantea que, cuando escuchar requiere un esfuerzo adicional, el cerebro debe destinar más recursos a interpretar los sonidos, especialmente en ambientes ruidosos. Esto puede generar mayor fatiga cognitiva y dificultar tareas como mantener la atención o seguir una conversación.
A esto se suma el impacto en la vida social. Las dificultades para escuchar pueden llevar a algunas personas a evitar reuniones, celebraciones o conversaciones grupales debido al cansancio o frustración que les genera intentar seguirlas. La menor interacción social también ha sido considerada como uno de los factores que podrían explicar la asociación entre pérdida auditiva y deterioro cognitivo.
Uno de los estudios más relevantes en esta materia es el ensayo clínico ACHIEVE, publicado en The Lancet, que analizó si una intervención sobre la salud auditiva podía influir en el deterioro cognitivo de adultos mayores.
En el grupo de participantes con mayor riesgo de deterioro cognitivo, quienes recibieron una intervención integral de salud auditiva presentaron una reducción cercana al 48% en la velocidad del deterioro cognitivo durante tres años, en comparación con el grupo de control.
El resultado no significa que la pérdida auditiva cause Alzheimer ni que tratarla permita prevenir esta enfermedad. Sí refuerza la importancia de abordar oportunamente la salud auditiva como parte de un envejecimiento saludable.
Desde GAES, una marca Amplifon, destacan que detectar los cambios a tiempo permite evaluar el estado de la audición y determinar si se requiere algún tipo de intervención.
5 señales de alerta
Como la pérdida auditiva puede pasar inadvertida durante años, existen algunas situaciones cotidianas que pueden funcionar como señales de alerta:
- Necesidad de subir el volumen: Requerir que el televisor, la radio o los dispositivos móviles estén a un nivel de sonido que a los demás les resulta excesivo o molesto.
- Solicitar repeticiones constantes: Preguntar con frecuencia “¿qué dijiste?” o manifestar la sensación de que las personas a su alrededor hablan muy bajo o “entre dientes”.
- Dificultades en ambientes con ruido: Pérdida del hilo de la conversación en espacios concurridos como restaurantes, reuniones familiares o la calle.
- Respuestas descontextualizadas: Responder de manera diferente a lo planteado cuando parte del mensaje no ha sido comprendida.
- Cambios en el comportamiento social: Disminución progresiva de la participación en conversaciones o reuniones debido al agotamiento físico y mental que genera el esfuerzo continuo de audición.
Ante estas señales, una evaluación auditiva puede ayudar a determinar si existe una pérdida y cuál es su magnitud. También es recomendable prestar atención a las observaciones de familiares y cercanos, quienes muchas veces detectan estos cambios antes que la propia persona. Además, así como se realizan controles visuales o médicos generales, es aconsejable incluir una prueba de audición (audiometría) preventiva una vez al año, especialmente a partir de los 50 o 60 años.
Diagnosticar y tratar a tiempo las dificultades en la audición no debe entenderse simplemente como un recurso técnico para escuchar más fuerte. Es una decisión estratégica que protege la reserva cognitiva, mantiene la autonomía en la vida diaria y fortalece los vínculos afectivos durante el envejecimiento.







