
Menopausia y trabajo: una conversación pendiente en los espacios laborales
Una mujer puede llegar a la menopausia en uno de los momentos de mayor experiencia de su vida profesional: con años de conocimiento, responsabilidades, capacidad de liderazgo y todavía una extensa trayectoria laboral por delante. Sin embargo, los cambios físicos y emocionales que pueden acompañar esta etapa siguen siendo, en muchos casos, un asunto del que poco se habla en el trabajo.
El Día Mundial de la Menopausia y el Trabajo es una fecha que busca hacer visible esta realidad y promover ambientes laborales mejor preparados para acompañar esta etapa sin discriminación. El desafío adquiere especial importancia en un escenario de trayectorias profesionales cada vez más extensas y una mayor participación de personas sobre 50 años en el empleo.
Al respecto, la Dra. María de los Ángeles Larraín, ginecóloga y directora médica de Neopausia, explica: “El trabajo ocupa una parte importante de nuestra vida adulta. A lo largo de una trayectoria profesional las personas viven cambios personales, familiares y biológicos. En el caso de las mujeres, esos ciclos tienen expresiones concretas: los años reproductivos, la maternidad para quienes deciden vivirla, el climaterio y la menopausia. Sin embargo, no todos estos momentos han recibido el mismo nivel de reconocimiento. La menopausia, en particular, sigue viviéndose muchas veces como un asunto privado”.
Síntomas que también llegan a la jornada laboral
La experiencia de la menopausia es diferente para cada mujer. Algunas transitan esta etapa con pocas molestias, mientras otras presentan síntomas que pueden interferir significativamente con su calidad de vida. Alteraciones del sueño, fatiga física o mental, irritabilidad, dificultades para concentrarse o cambios en el ánimo no se producen al margen de las actividades cotidianas. Pueden aparecer mientras se dirige una reunión, se atienden pacientes, se trabaja por turnos, se enseña, se toman decisiones o se intenta cumplir una jornada después de varias noches de mal descanso.
Los resultados del Estudio MUSA 2025 (Menopausia y Síntomas en Adultas), desarrollado por Neopausia, y en el que participaron más de 74.000 mujeres, ayudan a dimensionar esta realidad. El 71,7% de ellas presentó sintomatología climatérica severa según la escala MRS.
Además, 96% reportó fatiga física o mental, más de 90% alteraciones del sueño y cerca de 85% irritabilidad. Es más, 7 de cada 10 participantes del estudio presentaron síntomas severos. “Eso importa cuando pensamos en el trabajo. Dormir mal durante semanas, sentirse agotada, tener dificultades para concentrarse o experimentar cambios en el ánimo no ocurre en una dimensión separada del resto de la vida. Ocurre mientras se sigue trabajando y respondiendo a las mismas responsabilidades de siempre”, explica la doctora Larraín.
Lo que la evidencia comienza a mostrar sobre trabajo
La relación entre la intensidad de los síntomas y la experiencia laboral también ha sido observada en investigaciones recientes de América Latina.
El estudio REDLINC XIII, de la Red Latinoamericana de Investigación en Climaterio, publicado en 2026 en la revista científica Maturitas, evaluó a 2.035 trabajadoras asalariadas de entre 40 y 60 años en 12 países latinoamericanos. Sus resultados mostraron que una mayor severidad de los síntomas menopáusicos se asociaba con menor satisfacción laboral y peor calidad de vida relacionada con el trabajo. Los síntomas psicológicos y la severidad global aparecieron entre los factores con mayor relación negativa con el bienestar laboral.
Este hallazgo también permite ampliar la mirada sobre la menopausia. Los bochornos son probablemente su manifestación más conocida. Sin embargo, para la vida laboral pueden ser especialmente relevantes síntomas menos visibles, como la falta de sueño, la fatiga o las dificultades vinculadas a la concentración y al bienestar emocional.
No transformar la menopausia en una nueva etiqueta
Uno de los principales desafíos es evitar que esta etapa termine generando nuevos prejuicios hacia las trabajadoras de mediana edad.
La menopausia no se vive de igual manera en todas las personas y no debería convertirse en un criterio para evaluar disponibilidad, productividad, posibilidades de ascenso o capacidad para asumir responsabilidades.
“Existe otro elemento menos visible: el silencio. Hay quienes evitan hablar de lo que les ocurre por temor a ser consideradas menos competentes, menos disponibles o menos preparadas para asumir nuevas responsabilidades. Ese temor no es menor en un mercado laboral donde la edad todavía puede convertirse en una desventaja y donde las mujeres han debido demostrar, una y otra vez su capacidad”, enfatiza la directora médica de Neopausia.
El tema cobra especial relevancia considerando que, según antecedentes citados en prensa especializada, 20,1% de la fuerza laboral chilena tiene más de 50 años y las mujeres representan 48,3% del total.
¿Qué pueden hacer los espacios de trabajo?
Para las organizaciones, el desafío pasa por incorporar una mirada de ciclo vital dentro de sus políticas de recursos humanos. Las medidas no necesariamente requieren grandes transformaciones: información adecuada, jefaturas preparadas para conversar sin prejuicios, cierta flexibilidad cuando existen síntomas intensos, acceso a agua y ventilación, posibilidad de realizar pausas y orientación para consultar oportunamente pueden contribuir a un mejor bienestar. También es importante que cualquier apoyo resguarde la privacidad y que sea solicitado de acuerdo con las necesidades individuales.
La discusión sobre menopausia y trabajo comienza va mucho más allá de la salud femenina. Se relaciona con bienestar laboral, equidad, envejecimiento de la fuerza de trabajo, liderazgo, permanencia y retención de talento. Y quizás uno de los primeros cambios sea también uno de los más sencillos: poder hablar del tema.







